Ir al contenido principal

MAYO DEL 68: EL MES DE LA CONTRARREVOLUCIÓN

La década de 1960 fue una época de fuertes cambios sociales en todo el mundo: Mientras que en América Latina surgían múltiples de guerrillas socialistas que buscaban emular el triunfo de Fidel Castro, en China tenía lugar la Gran Revolución Cultural Proletaria, el movimiento de masas más grande de la historia, que afectó a prácticamente todas las familias del país y que se cobró miles de muertes en una de las más grandes campañas de violencia política de la historia. Mientras que Vietnam se desangraba en una virulenta guerra civil, en Estados Unidos la oposición a una guerra en la otra punta del mundo en la que apenas se veían éxitos crecía año tras año. En África, envuelta en un caótico y sangriento proceso de descolonización no hacían más que surgir guerrillas comunistas como el Movimiento Popular de Liberación de Angola o la Unión del Pueblo Africano de Zimbabue. Al norte del continente, el Egipto de Nasser, líder del movimiento socialista árabe, sufre una dura derrota frente a Israelen 1967, que duplica su territorio mediante la anexión de los Altos del Golán, Cisjordania, Gaza y el Sinaí. En Checoslovaquia, cuando en 1968 el Secretario general del Partido Comunista Alexander Dubček pone en marcha una serie de medidas que distancian a su país del modelo soviético, la URSS de Leonid Brezhnev responde invadiendo el país.

Europa occidental sin embargo se encontraba ante una época de relativa estabilidad social y económica. La época comprendida entre 1945 y 1975, entre el final de la Segunda Guerra Mundial y el estallido de la Crisis del petróleo, recibe el nombre los treinta gloriosos (les trentes glorieuses) en la historiografía francesa. En palabras de Dan Stone en su obra ¿Adiós a todo aquello?

El extendido uso del término "les trentes glorieuses" es comprensible dada la magnitud del crecimiento económico t las mejoras en el nivel de vida de los europeos occidentales, no sólo en terminos materiales, sino de salud pública, esperanza de vida y acceso al empleo y al ocio, aunque tpdp esto se hizo accesible a la población de forma más lenta de lo que quiere recordad la memoria colectiva. [...]En marcado contraste con el Siglo XIX y en período de entreguerras, cuando apenas se hablaba de condiciones laborales, o a finales del XX y comienzos de XXI, cuando la desindustrialización y el declive de los sindicatos han dado paso a las multinacionales, a mediados del Siglo XX se produjo el mayor auge de las organizaciones de trabajadores de la historia. 

A nivel geopolítico, todo el oeste del continente permanecía bajo la esfera de influencia estadounidense que tras el término de la Segunda Guerra Mundial, cuando los grandes partidos comunistas europeos gozaban de una grandísima popularidad, había logrado imponer su hegemonía ya fuese mediante medidas económicas, como el famoso Plan Marshall, o propagandísticas, con la CIA financiando la campaña de la Democracia Cristiana en las elecciones italianas de 1948. Además, tras la Revuelta Húngara de 1956, violentamente sofocada por la URSS de Kruschev, los principales partidos comunistas de Europa Occidental se ven divididos entre los defensores de la intervención y sus detractores. Las diferencias aumentan cuando se comienza a debatir sobre si el nuevo gobierno soviético, que criticó duramente a Stalin en el XX Congreso del Partido, debía considerarse como revisionista. Muchos de los comunistas que renegaron de Kruschev acabaron mostrando interés en la Albania de Hoxha y en la China de Mao Zedong, dos países cuyos gobiernos comunistas habían criticado duramente a Kruschev, acusándolo de revisionismo. Las facciones más moderadas acabaron renegando tanto de la URSS como de los modelos hoxhista y maoísta, formando lo que se conocería como eurocomunismo, una vertiente extremadamente revisionista, pactista, reformista y contrarrevolucionaria y que con el paso de los años acabaría mostrándose cada vez más cercana a posturas europeístas, en el sentido de defender una integración bajo el paraguas de la recién estrenada Comunidad Económica Europea (CEE), antecesora de la Unión Europea, que muchos izquierdistas parecen, o quieren, olvidar que se nació de un acuerdo entre la burguesía de distintos países del centro del continente para establecer un libre mercado de carbón y acero. En otras palabras, que por mucho que le doliese a oportunistas como Spinelli, Marchais, Carrillo, Berlinguer o Garzón, la CEE, y su sucesora, se sustentan sobre ideales capitalistas.


El filósofo alemán Herbert Marcuse. Miembro de la Escuela de Frankfurt, sería uno de los más importantes pensadores de la Nueva Izquierda europea.

Para comienzos de la década de 1960 la influencia soviética se hacía sentir en todos los extremos del mundo: De Cuba a Egipto, de Indonesia a Polonia, de las guerrillas del Congo a Vietnam, etc. Sin embargo, en Europa occidental la influencia soviética brillaba por su ausencia, con los distintos Partidos Comunistas mostrándose cada vez más distantes con Moscú. Además, en el oeste de Europa las ideas comunistas cada vez ganaron más fuerza entre los estudiantes universitarios a la vez que su influencia disminuía en la clase obrera, cuyas condiciones de vida habían mejorado considerablemente durante la posguerra gracias a una serie de medidas económicas socialdemócratas y keynesianas que buscaban frenar la expansión de ideas socialistas en Europa occidental mediante concesiones a las clases populares. Resulta llamativo que una vez disuelta la URSS las condiciones de vida de los trabajadores del oeste de Europa hayan empeorado año tras año. Sin miedo a una revolución, el Estado burgués no tiene la necesidad de complacer a las clases populares.

El país donde surgió esta Nueva Izquierda, antisoviética pero, por lo menos en teoría, afín a la revolución, fue Francia, un país que si bien disfrutaba de una relativa estabilidad económica, sufría los efectos de la sangrienta Guerra de Independencia de Argelia. La contienda estuvo acompañada por una fuerte crisis política que en mayo de 1958 estuvo a punto de desembocar en un golpe de Estado contra el débil gobierno de la IV República Francesa. La crisis fue solventada con la llegada al poder del general Charles De Gaulle, héroe de la Segunda Guerra Mundial, y el establecimiento de una nueva constitución y de la V República. Argelia era probablemente la más importante colonia francesa. El 13% de la población estaba compuesta por europeos o por argelinos de origen europeo, los llamados Pieds-Noirs. A comienzos de la década de 1960, cuando De Gaulle aceptó otorgar la independencia a la colonia, muchos de ellos se organizarían alrededor del grupo terrorista Organisation armée secrète (OAS), apoyada por las dictaduras derechistas de España y Portugal y que operaría tanto en Argelia como en la Francia continental. Su ataque más letal tendría lugar el 18 de junio de 1961 cuando hicieron volar por los aires un tren de pasajeros con ruta París-Estrasburgo, causando veintiocho muertes civiles.

La Guerra de Argelia fue un durísimo golpe tanto para el gobierno como para la sociedad francesa. La izquierda francesa se posicionó del lado de los independentistas argelinos hasta el punto de que, en 1962 cuando el nuevo gobierno argelino expulsó a la gran mayoría de Pieds-Noirs de Argelia, en Marsella el sindicato comunista Confédération générale du travail (CGT) recibió a los refugiados con pancartas que decías: Los Pieds-Noirs al mar. Hechos como la Masacre de París de 1961, en la que entre cuarenta y doscientos manifestantes argelinos fueron asesinados por la policía, acabaron por poner a la izquierda francesa, así como a la del resto de Europa occidental, del lado del Frente de Liberación Nacional (FLN) de Argelia y otras guerrillas independentistas que combatían en Asia y sobre todo en África. Si bien el Partido Comunista Francés (PCF) ya había mostrado su apoyo al Viet Minh durante la Guerra de Indochina (ya que al fin y al cabo era una guerrilla puramente marxista a diferencia del FLN) el movimiento descolonizador acabó por convertirse en uno de los rasgos más característicos de la izquierda europea de la década de 1960. Gran parte de esta Nueva Izquierda se agrupó en torno a una organización llamada Internacional Situacionista, un grupo nacido en 1957 que ganó bastante fuerza durante la década de 1960 y cuya ideología era la del comunismo libertario, en contraposición al marxismo-leninismo de corte conservador del Bloque del Este. Como señala Stone:

El contexto más amplio en el que se enmarcaron las protestas por Vietnam fue el auge de la Nueva Izquierda, el movimiento por los Derechos civiles y el cambio generacional que trajo consigo una nueva mirada crítica con la generación del baby boom. No ha de exagerarse el componente intelectual, había muchos más jóvenes interesados en coche o moda que en teoría crítica, pero es cierto que movilizó a las masas y tuvo un profundo efecto en el ambiente cultural. Dentro de la esfera cultural tuvo especial importancia el concepto de "tercermundismo" , inspirado menos en el canon marxista (Marx, Engels, Lenin) que en los líderes comunistas antiimperialistas como el che Guevara, Fidel Castro o Mao.


Protestas de mayo de 1968 en Francia

No podemos hablar de esta Nueva Izquierda sin hablar de los filósofos que la inspiraron. Además de Sartre y Beauvoir, de los que hablaré más adelante, destacan las figuras de Antonio Gramsci y Herbert Marcuse. Si bien el lector se habrá percatado de mi más que clara oposición a esta Nueva Izquierda, considero que estos dos últimos autores tienen aspectos interesantes que merece la pena tratar, aunque para ser honestos, Gramsci es bastante anterior al surgimiento de la contrarrevolución sesentaiochista, habiendo fallecido en 1937 en una prisión del régimen de Mussolini.

El italiano Gramsci es reconocido por sus escritos sobre los conflictos de poder, culturales e ideológicos en la sociedad y las instituciones: luchas de clases en tiempo real que se desarrollan en estados nacionales industriales en rápido desarrollo a través de áreas interrelacionadas de comportamiento político. Las relaciones de poder también eran el tema principal del francés Michel Foucault, quien veía relaciones de poder en todos los aspectos de la vida: Estado, trabajo, cárcel, sanidad, familia, matrimonio, etc.

Por otro lado, Marcuse escribió sobre la coerción y la hegemonía en ese adoctrinamiento cultural y manipulación ideológica a través de los medios. de la comunicación (lo que el denominó tolerancia represiva). Según él, esta manipulación hace que los Estados liberales-capitalistas puedan oprimir sin necesidad de hacer uso de la fuerza bruta. Además, Marcuse argumentaría que solamente los grupos marginales de estudiantes y los trabajadores pobres podían resistir eficazmente al sistema. Tanto Gramsci como Marcuse llegaron a la conclusión de que los fundamentos ideológicos y la superestructura de la sociedad eran de vital importancia para comprender el control ejercido por el poder. Esto quizás podría verse como una extensión del trabajo de Marx, ya que no cubrió esta área en detalle.

Dejando de lado a estos dos pensadores, toca hablar de los responsables de haber carcomido y condenado al izquierdismo francés al más puro ridículo. La corriente filosófica más popular era la existencialista, cuyos mayores exponentes eran Jean Paul Sartre y su pareja Simone De Beauvoir. Sartre ha pasado a la historia por su teoría de que el ser humano está condenado a ser libre. Pese a autodenominarse marxista, Sartre se mostraba más cercano a las posturas de anarquistas como Proudhon y socialistas pre-marxistas como Henri de Saint-Simon. Rechazó el estalinismo debido a su carácter antiliberal, algo que choca con su apoyo al movimiento maoísta, cuyas campañas de represión fueron considerablemente mayores que las de Stalin. Su pareja, Simone De Beauvoir, es considerada una de las feministas más importantes del Siglo XX así como una de las principales impulsaras de la llamada Revolución sexual. Esto no era algo nuevo de la década de 1960. Tras el triunfo de la Revolución rusa en 1917 varias figuras destacadas entre los bolcheviques, las cuales afortunadamente fueron apartadas de sus puestos por Stalin, como Aleksándra Kolontái, intentaron poner en marcha una revolución social que acabase con lo que ellos consideraban la concepción burguesa de la familia y el sexo. Ejemplo de ello: las organizaciones nudistas de la década de 1920 afirmaban estar luchando contra el prejuicio burgués. Es más, durante las primeras etapas del gobierno bolchevique, en ciertos sectores se popularizó la teoría del vaso del agua, una propuesta que buscaba hacer que el sexo fuese algo tan banal y mundano como beber un vaso de agua. 

Con todo, los intentos de estos sectores por poner en marcha una revolución sexual afortunadamente fracasaron debido a los consejos de médicos como el Comisario de Salud del Pueblo, Nikolai Semashko, contrario al nudismo, y al viraje conservador de Stalin tras su llegada al poder. El nudismo regresaría a la URSS y a otros países del Bloque del Este en la década de 1950, pero con un carácter mucho menos político y para nada sexual. Pese a que los países del Pacto de Varsovia eran más abiertos en ciertos temas relacionados con la sexualidad (basta con ver la tira cómica húngara Jucika, que en muchos casos tenía un contenido erótico que hubiese sido censurado en países como Estados Unidos), tanto los gobiernos como la población veía con malos ojos la revolución sexual de Europa occidental. Eso por no hablar de temas como la homosexualidad, tema tabú en los países del este y que la Nueva Izquierda occidental defendía.

La llamada Revolución sexual estuvo fuertemente relacionada con los eventos de mayo de 1968. En marzo de ese mismo año en la Universidad de Nanterre se vivieron protestas contra la prohibición de que personas de distintos sexos estuvieran en los mismos dormitorios. Las protestas acabaron mezclándose con la oposición a la Guerra de Vietnam y al sistema universitario francés. Se ha debatido mucho sobre si el movimiento estudiantil de Francia en 1968 estuvo influenciado por el movimiento hippie estadounidense. La verdad es que los manifestantes franceses se movían por ambientes muchos más politizados que los hippies americanos, cuyas ideas políticas se reducían a la oposición a la Guerra de Vietnam y en algunos casos a un vago anarquismo con tintes ecologistas. Es más, los sectores más politizados del movimiento hippie nacen a partir de las protestas de Francia. No obstante, la contracultura musical norteamericana sí que tuvo un impacto en la juventud francesa de la década de 1960, así como la oposición a la Guerra de Vietnam y el apoyo al movimiento por los derechos de los negros que estaba teniendo lugar en suelo estadounidense.

En la vecina República Federal Alemana donde la Federación Socialista Alemana de Estudiantes (SDS), a medio entre el marxismo clásico y la Nueva Izquierda, llevaba protagonizando violentas protestas desde principios de la década de 1960 también se vivía un clima de tensión. En 1967 una manifestación contra la visita del sha Reza Pehlevi a Berlín oeste terminó con los miembros de la SDS enfrentándose a la policía federal y a la SAVAK, el servicio secreto iraní. Un estudiante Benno Ohnesorg fue asesinado a tiros por la policía. El 11 de abril de 1968 el líder estudiantil Rudi Dutschke recibió tres disparos por parte del neofascista Josef Bachmann, quien se había inspirado en el reciente asesinato de Martin Luther King en Estados Unidos y que se suicidaría en prisión. Dutschke sobrevivió, pero murió once años después a causa de las secuelas. Los grupos de la llamada Oposición Extraparlamentaria respondieron con fuertes disturbios en la sede de la editorial Axel Springer, propiedad del tabloide derechista Bild, al que acusaron de inspirar el atentado contra Rudi.


Miembros de la policía secreta iraní, la SAVAK, agreden a manifestantes durante la visita del shah a Berlín oeste en 1967.

Italia representa un ambiente y un contexto bastante diferente al alemán y sobre todo al francés. Las protestas del país mediterráneo, lejos de las payasadas de los niños ricos de París, tuvieron un carácter más serio, sobre todo debido a los constantes ataques por parte de grupos neofascistas. Mientras que los estudiantes franceses hacían el ridículo calificando a De Gaulle de fascista, al mismo De Gaulle que había liderado la resistencia en la Segunda Guerra Mundial y que estaba en el punto de mira de la OAS, en Italia el fascismo sí que tenía una mayor fuerza.  La época de finales de la década de 1960 y comienzos de la de 1970 fue el período de mayor popularidad del Movimiento Social Italiano (MSI), el principal partido neofascista italiano, fundado en 1946, tan sólo un año después del linchamiento de Mussolini y al que pertenecieron figuras tan relevantes del fascismo clásico como los oficiales Rodolfo Graziani o Junio Valerio Borghese. Que su participación en el MSI sirva de ejemplo para la legión de socioliberales lameculos del europeísmo que dicen que la impunidad de jerarcas fascistas es cosa exclusiva de España, cuando el neofascismo italiano era y sigue siendo mucho más fuerte que el español, que ni siquiera puede calificarse de fascista. 

Volviendo a Francia, las protestas se extendieron a la Universidad de la Sorbona, en el centro de París, donde comenzaron a vivirse enfrentamientos entre los estudiantes de izquierdas y los de derecha, agrupados en torno a organizaciones como la neonazi Occident, lo que llevó al rector a abrir las puertas del campus a la policía. Para el día 10 de mayo la situación se había descontrolado y se vivían enfrentamientos callejeros en el Barrio Latino de París.

Se convocó una huelga estudiantil que sería apoyada por el Partido Comunista Francés. Sin embargo, el partido se oponía a las propuestas de los estudiantes, empezando por la estúpida demanda de que hombres y mujeres compartiesen dormitorios. El 3 de mayo el líder comunista Georges Marchais atacó a los líderes del movimiento en un artículo titulado Falsos revolucionarios que deben ser denunciados. El PCF sin embargo, vio en los disturbios de la Nueva Izquierda la oportunidad perfecta de iniciar una huelga general. La Confederación General del Trabajo, sindicato afín al PCF, se unió a la huelga.

Sin embargo, para finales de mayo la situación había cambiado radicalmente con los Acuerdos de Grenelle del día 27 entre el gobierno, los sindicatos y la patronal, unos acuerdos que entre otras cosas subían el salario mínimo un 35%. Además, una contramanifestación gaullista el 29 de mayo en el centro de París contra las protestas dio a De Gaulle la confianza necesaria para disolver la Asamblea Nacional y convocar elecciones parlamentarias para el 23 de junio de 1968. La violencia se evaporó casi tan rápido como surgió. Los trabajadores volvieron a sus puestos de trabajo y los estudiantes se quedaron solos. La revolución que tantos temían no llegó a materializarse.

Sin embargo, los eventos de mayo del 68 tuvieron una fuerte repercusión. Se vivieron protestas estudiantiles desde México hasta Japón, pero sobre todo en Europa. Después de Francia y Alemania Occidental, Italia fue el país donde más fuerza tuvieron las protestas, tanto de parte de la Nueva Izquierda como por parte del marxismo clásico, que para disgusto de posmodernos y demás quintacolumnistas, fue la que realmente protagonizó la lucha contra el Estado burgués, al que acabaron sirviendo los eurocomunistas, y sus matones neofascistas. Las protestas de Italia vaticinaban el comienzo de una época de fuerte violencia: Los años de plomo.




Si bien en los países socialistas del este de Europa el nudismo era una práctica común, la revolución sexual que se vivió en Europa occidental y Norteamérica a finales de la década de 1960 estaba mal vista. Contrasta el erotismo de la tira húngara Jucika (arriba) con el póster soviético que ridiculiza a los hippies (abajo).


¿Qué nos dejó mayo del 68? Por un lado nos dio ideas absurdas, la defensa de las luchas parciales y el servilismo eurocomunista, representado por el triunvirato de los traidores: PCI, PCF y PCE. Por otro nos dio a grupos terroristas que poco o nada hicieron por el bien de los trabajadores, como la RAF alemana. El terrorismo sirvió de excusa para que la represión del Estado se incrementase, pero no nos equivoquemos, si no existían grupos terroristas los servicios de inteligencia se encargaban de crearlos como bien quedó claro en la Operación Gladio y la Estrategia de la tensión desarrollada en Italia, con los matones neofascistas, más bien neonazis al servicio del liberalismo estadounidense, poniendo bombas para echar la culpa a la izquierda.

Comentarios

Entradas populares de este blog

EL CAMINO A LA GUERRA DEL PACÍFICO. LA PRIMERA GUERRA COMERCIAL ENTRE ESTADOS UNIDOS Y JAPÓN

El comienzo y las causas de la Segunda Guerra Mundial en Europa son de sobra conocidas, pero si nos movemos a Asia, el nivel de conocimiento de la persona media es bastante inferior. Si preguntásemos a un grupo aleatorio de personas, la inmensa mayoría nos dirían que la Segunda Guerra Mundial en el entorno de Asia-Pacífico comienza cuando el 7 de diciembre de 1941 Japón ataca Pearl Harbor. Nada más lejos de la verdad, pues la guerra llevaba luchándose ya cinco años en China cuando el ataque a Hawái tuvo lugar, siendo la Segunda Guerra sino-japonesa, y no la invasión de Polonia, el verdadero punto de partida de la contienda mundial, si bien el teatro del Pacífico y el Europeo-Africano eran tan diferentes, y tuvieron tan poca relación entre sí, que podemos considerar la Segunda Guerra Mundial como la suma de dos guerras totalmente distintas pero con los mismos actores. Esto en el caso de los Aliados claro está, pues italianos, alemanes y demás europeos rara vez colaboraron con japoneses....

LOS JUDÍOS EN LA URSS Y EL BLOQUE DEL ESTE ¿ANTISEMITISMO O ANTISIONISMO?

La cuestión de los judíos en la Unión Soviética y otros países del Bloque del este es sin duda un tema polémico, marcado por la tergiversación y por las teorías conspirativas más descabelladas y absurdas. Por un lado tenemos a los historiadores y propagandistas liberales, en su mayoría férreos atlantistas y sionistas, que afirman que la Unión Soviética era un ente antisemita, donde los judíos estaban terriblemente oprimidos y que de una forma desvergonzada, en su afán por fabricar un paralelismo entre Hitler y Stalin, exageran el antisemitismo realmente existente en la URSS para legitimar ya no sólo su anticomunismo, sino también su rusofobia, los mismos charlatanes que comparan los campos de exterminio del Reich con los gulags y que se inventan genocidios inexistentes para, una vez más, poner a Stalin al nivel de Hitler, o incluso peor, para así poder defender al Batallón Azov. Por otro lado, tenemos a la legión de frikis fascistoides de Metapedia y demás neonazis trasnochados que dic...